Las
alergias alimentarias se han triplicado en dos décadas en España. El temor a
sufrir una reacción grave condiciona la vida de millones de personas. La
medicina busca soluciones e intenta averiguar qué se esconde detrás.
Habían
pedido el almuerzo en una hamburguesería. Iban allí a menudo porque dan mucha
información sobre los ingredientes que utilizan en la cocina. Rodrigo Capapé,
de ocho años, es alérgico al huevo y a los frutos secos. No puede comer nada
que los contenga, ni siquiera en pequeñas trazas. Así que pidió el mismo menú
de siempre, porque es lo más seguro. Enseguida se dio cuenta de que algo no iba
bien. Empezó a sentirse mal. Cada vez peor.
