No es ningún secreto que Estados Unidos enfrenta una terrible crisis de salud pública. Y los alimentos que se consumen a diario han influido bastante en la situación actual de este país. Por esa razón, me pareció muy interesante analizar qué consumían nuestros antepasados en aquella época en la que las tasas de enfermedades crónicas eran hasta siete veces menores y la obesidad era un problema de salud muy poco común.
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Alimentos
que NO formaban parte de la dieta de nuestros antepasados |
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Aceites
vegetales |
Quesos sin
lácteos |
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Tofu |
Leche de
avena y de frutos secos |
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Jarabe de
maíz de alta fructuosa |
Muchos
vegetales crudos |
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Alimentos
transgénicos y con residuos de pesticidas |
Endulzantes
artificiales |
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Cantidades
excesivas de frutos secos y semillas |
Harina
fortificada con hierro (virutas de metal, que comenzaron a utilizarse en los
años 40) |
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Alimentos
procesados |
Cantidades
excesivas de pollo |
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Alimentos
que SÍ formaban parte de la dieta de nuestros antepasados |
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Una variedad
de proteínas |
Lácteos |
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Animales
completos (es decir, todas las partes del animal) |
Almidones
(papas bien cocidas y granos sin fortificar, sin OGM Y con niveles casi
indetectables de pesticidas) |
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Frutas |
Vegetales
cocidos |
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Azúcar
natural |
Postres (que
se preparaban con mantequilla, no con aceites vegetales) |
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Grasa de
origen animal con niveles elevados de vitaminas liposolubles |
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En este
artículo, le hablaré a mayor detalle sobre cada uno de estos puntos, también
analizaremos algunos de los alimentos que aparecían en los libros de cocina
antiguos, con el objetivo de ponerle fin a al miedo que se tiene a los
alimentos tradicionales y crear conciencia para que pueda tomar mejores
decisiones con respecto a su alimentación.
La
importancia de recuperar la cultura alimentaria
Con tantas
dietas que existen hoy en día, hay mucha confusión sobre qué debemos comer: qué
alimentos son "buenos" y qué alimentos son "malos". Sin
mencionar el hecho de que la dependencia tan grande a los alimentos procesados
y la influencia de la industria han provocado que nuestra cultura alimentaria
haya quedado en el olvido. De hecho, ni siquiera existe esa cultura alimentaria.
Entonces,
existe mucha confusión sobre qué alimentos realmente son saludables y cómo
deberíamos prepararlos para preservar sus beneficios. Después de ver el
incremento tan marcado en las tasas de enfermedades crónicas, obesidad y
problemas de inmunidad, una cosa es segura: las estrategias actuales no están
funcionando. En los años 30, la prevalencia de enfermedades crónicas era del
7.5 %,1 mientras que, en la actualidad, hasta el 60 % de la
población tiene una o más enfermedades crónicas,2 lo que
representa un incremento del 700 %. Por su parte, un estudio que se realizó en
2022, encontró que menos del 10 % de las personas que viven en Estados Unidos
tienen una buena salud metabólica.3 Y los datos que publicaron
los CDC en 2018, indicaban que el 42.4 % de las personas tenían obesidad.4 ¡Imagínese
cuál será la cifra actual!
A pesar de
todos los avances en la ciencia y la tecnología, Estados Unidos es el único
país desarrollado con una esperanza de vida total y una esperanza de vida
saludable a la *baja*.5 Y eso que estos datos se publicaron
antes de la pandemia del COVID-19.
La esperanza
de vida total es cuánto tiempo se espera que vivan las personas dentro de una
población, mientras que la esperanza de vida saludable mide cuánto tiempo se
espera que vivan las personas dentro de una población sin enfermedades ni
discapacidades. Por ejemplo, una persona vive sin enfermedades durante 65 años,
y a partir de esta edad desarrolla un problema cardíaco y fallece 10 años
después. Su esperanza de vida saludable es de 65 y su esperanza de vida total
es de 75.
La esperanza
de vida total mide cuánto tiempo dura una persona con vida, sin importar que no
esté sana, mientras que la esperanza de vida saludable mide los años que dura
una persona con buena salud.
Para darse una
idea, 6 estos son los datos de la Organización Mundial de
la Salud sobre Estados Unidos: en 2015, la esperanza de vida total fue de
78.56, mientras que en 2019 disminuyó a 78.5. En 2010, la esperanza de vida
saludable fue de 66.7, la cual disminuyó a 66.6 en 2015 y volvió a disminuir a
66.1 en 2019. Dado que la esperanza de vida total y la esperanza de vida
saludable en este país va en descenso, una cosa es clara: las estrategias de
salud no están funcionando. Sin embargo, no siempre fue así.
Entonces, cómo
llegamos al punto en el que el 60 % de la población tiene una o más
enfermedades crónicas y sólo el 12 % tiene una buena salud metabólica.7 Aunque
hay varios factores que influyen en esta ecuación, como el nivel de actividad
física y las toxinas ambientales, hay uno en específico que tiene un papel
fundamental en la salud en general, y me refiero a la alimentación.
Por esa razón,
me parece importante retroceder un poco en el tiempo para analizar qué comían
las personas en una época en la que las enfermedades crónicas no eran tan
comunes como lo son ahora. Y una forma muy sencilla de hacerlo es analizando
los libros de cocina de nuestros antepasados.
En los últimos
meses, he pasado mucho tiempo analizando libros de cocina de los años de 1700 a
1900. Estos libros de cocina me ayudaron a darme una idea sobre cómo comían las
familias en aquellas épocas. Me parece muy interesante el nivel de cultura
alimentaria que existía en aquel tiempo y cómo ésta pasó de una generación a
otra.
La sabiduría
nutricional siempre me ha parecido algo fascinante, y más ahora que descubrí el
impacto de la preparación de alimentos en la salud. Después de analizar estos
libros de cocina, encontré diferencias importantes entre la alimentación actual
y la alimentación de nuestros antepasados; por esta razón, aquí le hablaré de
las 10 diferencias principales.
Diferencia
nro. 1: comían todas las partes del animal
En el pasado,
era muy común que las personas no desperdiciaran nada y que se comieran todas
las partes del animal. Hoy en día, las personas solo comen partes del músculo
esquelético, como pechuga de pollo, chuleta y lomo. Entonces, comían casi todas
las partes del animal, incluyendo los huesos, tendones y otras partes ricas en
colágeno para hacer caldos, sopas y guisos.
Eso no solo ayudaba
a desperdiciar menos, sino a consumir más nutrientes y aminoácidos. En el libro
titulado "The Southern cookbook of fine old recipes" de 1935,
podrá encontrar algunos ejemplos de estas recetas.
Como dije,
aprovechaban todas las partes del animal, mientras que hoy en día pareciera que
las personas solo conocen las pechugas de pollo, las chuletas y el lomo.
Además, las vísceras suelen ser las partes del animal que más nutrientes
contienen, mientras que los cortes "duros" de carne que tienen hueso
suelen contener mucho más colágeno que carne de músculo.
Diferencia
nro. 2: comían mucha carne y grasas saturadas
En el libro
titulado "The Lady's Assistant for Regulating and Supplying the Table"
de 1787, se pueden encontrar algunas páginas que sugieren que comer carne se
consideraba señal de una buena alimentación, mientras había pocas recetas que
no contenían carne; de hecho, consumir poca carne era una señal de una
alimentación poco saludable. 8
Tampoco les
tenían miedo a las grasas saturadas. De hecho, las evaluaciones más recientes
de los datos en los que se basó Kellogg para demonizar las grasas saturadas en
el siglo XX demuestran que estas afirmaciones no tienen fundamentos sólidos y
que la realidad es muy diferente, ya que algunos investigadores demostraron que
"las grasas saturadas de origen animal tienen una correlación inversa con
la prevalencia de enfermedades no transmisibles".9
Según el
artículo titulado"Re-evaluation of the traditional diet-heart
hypothesis: analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment (1967-73)",
que se publicó en 2016,10 las personas comen muchos más aceites
vegetales y menos grasas animales que principios del siglo XX y, a pesar de
este cambio en la alimentación, la salud pública va de mal en peor:
"La
evidencia de ensayos controlados aleatorios demuestra que, aunque remplazar las
grasas saturadas con ácido linoleico redujo el colesterol en suero, no respalda
la hipótesis de que esto reduzca el riesgo de muerte por enfermedad coronaria o
por cualquier otra causa.
Los
hallazgos del Minnesota Coronary Experiment se suman a la creciente evidencia
de que seleccionar ciertas partes de la publicación provocó que se exageraran
los beneficios de remplazar las grasas saturadas con aceites vegetales con alto
contenido de ácido linoleico".
Por lo tanto,
surge la siguiente pregunta: ¿Es la carne la causa principal de los problemas
de salud? La respuesta es bastante simple: No. La causa son los niveles
elevados de grasas poliinsaturadas que alteran la tasa metabólica y el metabolismo
de la glucosa. De hecho, el único tipo de grasa que consumían nuestros
bisabuelos eran las grasas saturadas. No obstante, ahora las personas consumen
menos grasas de origen animal y grandes cantidades de aceite vegetal y de
grasas con alto contenido de ácidos grasos poliinsaturados.11
Diferencia nro.
3: comían carbohidratos durante todo el año
Sus fuentes
principales de carbohidratos eran frutas de temporada (por ejemplo, cítricos en
enero o melones en verano), mermeladas, jaleas, miel, azúcar, papas, harina
para repostería y pan.
¡Como puede
ver, comían carbohidratos durante todo el año, y una buena cantidad! Aunque los
comían en temporada, también los sometían a una preparación exhaustiva (por
ejemplo, las mermeladas y jaleas) para garantizar el acceso a los carbohidratos
durante todo el año.
Diferencia nro.
4: consumían muchas calorías
En la
actualidad, las personas tienen más problemas de sobrepeso y obesidad, a pesar
de que consumen casi las mismas calorías (o menos) que nuestros antepasados.
¡NO le tenían miedo a la comida! Mientras más dinero tenían, más comían. Tener
hambre y comer mucho no se consideraba un problema. (Casi nadie utilizaba la
palabra "dieta"). Ahora hay personas que llevan dietas de 1600
calorías, esto significa que consumen las mismas calorías recomendadas para
niños de 9 años en 1915.
Como dije, una
de las diferencias principales en la alimentación es el TIPO de grasa que se
consume, que es lo que produce el cambio dentro de nuestro cuerpo, y es este
tipo de grasa moderna lo que altera el metabolismo de la glucosa y daña nuestro
metabolismo.
Sí, los
problemas de peso son el resultado de consumir muchas calorías y quemar muy
pocas. Y aquí es donde está la diferencia, en la actualidad se queman muy pocas
calorías.
El Dr.
Speakman, que es uno de los principales expertos en la relación entre el
metabolismo y la obesidad a nivel mundial, descubrió que se produjo una
reducción en la tasa metabólica basal, a pesar de que hay un mayor gasto de
energía activa. Entonces, aunque algunas personas consumen más calorías de las
que necesitan (y esto puede provocar un aumento de peso), la señal de alerta
más importante es que la tasa metabólica basal en Estados Unidos también
experimentó un deterioro importante.
Esto se
confirma con el hecho de que nuestra temperatura corporal (que es uno de los
indicadores principales de la tasa metabólica) también ha disminuido,12 lo
que significa que la tasa metabólica también ha disminuido (ya que el calor se
produce como subproducto de la producción de energía). Cuando el metabolismo no
funciona de forma correcta y queremos mantener (o bajar) nuestro peso, entonces
debemos consumir menos calorías. Entonces, comer mucho puede provocar que suba
rápido de peso.
Aunque la
obesidad es un tema complejo que requiere de su propio análisis profundo, en
pocas palabras, nuestros antepasados comían muchas calorías y se mantenían
delgados porque su metabolismo funcionaba de forma correcta (es decir, tenían
mayores tasas metabólicas). Desde principios del siglo XX, se produjo un
incremento del 136 % en el consumo de ácido linoleico (un ácido graso
poliinsaturado omega-6) y, desde entonces, también se produjo una reducción
importante en nuestras tasas metabólicas.
El tipo de
ácidos grasos que consume (lo que afecta el tipo de grasa dentro de sus
tejidos) es fundamental para determinar las calorías que debe quemar.
Diferencia
nro. 5: comían muchos productos de origen animal
Es decir, no
sólo comían pollo (que hoy en día, es la principal fuente de alimento de
origen animal en Estados Unidos). Cada animal proporciona un conjunto único de
nutrientes y algunos tienen más de ciertos nutrientes que otros. Por ejemplo,
la carne de res y el cordero contienen mucho zinc, mientras que la carne de
cerdo contiene mucha vitamina B1. No obstante, los nutrientes dependerán de la
fuente de proteína (carne de res, aves, caza silvestre, cerdo, mariscos y
lácteos).
Diferencia nro.
6: comían muchos vegetales cocidos
¡NO creo que
un batido de col rizada cruda estuviera en el menú! No somos animales rumiantes
que tienen sistemas digestivos complejos para descomponer todas las fibras de
celulosa que contienen los vegetales crudos. ¡Necesitamos alimentos fáciles de
digerir! Por esa razón, nuestros antepasados cocían los vegetales y las papas,
y eso mejoró su digestión y redujo los niveles de antinutrientes.13
Diferencia nro.
7: consumían azúcar en forma de postre casero
Lo sé, el
azúcar tiene pocos nutrientes, pero eso no significa que sea tóxico. Cuando
lleva una alimentación con un alto contenido de nutrientes, el
azúcar puede servir como apoyo metabólico. Nuestros bisabuelos consumían
cantidades moderadas de azúcar en forma de postres caseros todos los días.
Sus postres se
preparaban con ingredientes como harina sin fortificar, azúcar, mantequilla,
huevos y leche. (Sin alternativas artificiales como la margarina, los huevos
falsos y las leches vegetales). Según el libro titulado "The Common
Sense Cookbook" de 1894, también comían muchos postres, casi siempre a
base de frutas o lácteos, como tartas de manzana, pudines de arroz o tapioca,
así como estofados de frutas frescas, como grosellas o cerezas de
temporada".14
A diferencia
de aquel tiempo, en la actualidad comemos casi las mismas cantidades, pero en
forma de azúcar de caña y betabel. Aunque el azúcar tiene una mala reputación,
como siempre, el efecto depende de la fuente. Algunas fuentes que sí son
dañinas contienen harina fortificada, conservadores, colorantes y aceites
vegetales.
Siempre y
cuando lleve una alimentación equilibrada con un alto contenido de nutrientes,
no es tóxico consumir azúcar de fuentes sin procesar, como los productos
horneados que se hacen en casa (sin aceites vegetales).15
Diferencia nro.
8: comían harina refinada
La harina
refinada ERA parte de su alimentación de fuentes como postres, pan horneado e
incluso salsas. Sin embargo, en aquel tiempo, la harina no estaba fortificada
con hierro (virutas de metal, que comenzaron a utilizarse en la harina en los
años 40), no provenía de granos transgénicos ni tampoco contenía niveles elevados
de residuos de pesticidas (como el glifosato). Otro ejemplo en el que la fuente
es fundamental.
Diferencia
nro. 9: no comían alimentos procesados
Casi todas las
personas comían comidas caseras. De hecho, el consumo de alimentos procesados
incrementó del <5 % en el siglo XIX a más del 60 % en la actualidad.16 Las
personas acostumbraban a preparar y cocinar sus propios alimentos. Muchos
libros de cocina lo consideraban un arte que debía transmitirse de una
generación a otra.
Diferencia
nro. 10: comían tres veces al día y no ayunaban de forma voluntaria
Muchos libros
de cocina contenían planes de comidas que incluían tres comidas al día, al que
se referían como "plan de comidas".
¿Por ejemplo,
el libro titulado "What shall we eat? A manual for housekeepers" de
1968, incluye una lista de planes de comida para el desayuno, la cena y la hora
del té, para todos los días del año.
Después de
analizar estas diferencias, se podría argumentar entonces que nuestros
bisabuelos y tatarabuelos tenían mejor salud que nosotros. Y hay muchas cosas
que podemos aprender de ellos. Un contraargumento común a esta afirmación es el
siguiente: "¡Pero nuestros bisabuelos no vivieron tanto!"
Aunque los
avances médicos han mejorado algunos aspectos de la atención médica, la
suposición de que ahora las personas viven más que antes, no es del todo
cierta. Aunque la esperanza de vida en general si es mayor ahora, hay evidencia
que sugiere que esto no significa que ahora vivimos más tiempo, sino que más
personas *logran* llegar a cierta edad. Muchos datos sobre esperanza de vida en
el pasado están sesgados por las altas tasas de mortalidad infantil.
"Las
tasas de mortalidad infantil eran mucho mayores y hasta el 50 % de todas las
muertes infantiles en todos los niveles de la sociedad se debía a enfermedades
infecciosas".17
Esto significa
que, si una persona tiene dos hijos y uno muere antes de cumplir un año, pero
el otro vive hasta los 70 años, su esperanza de vida promedio es de 35 años.
Una niña de
cinco años viviría hasta los 73 y un niño hasta los 75, y esto se debe a que la
medicina y la ciencia modernas son muy buenas para mantener vivos a los bebés
y, como resultado, incrementa nuestra esperanza de vida. Además, en aquel
entonces, no padecían las enfermedades crónicas ni los problemas autoinmunes a
los que nos enfrentamos hoy en día. Por lo tanto, se puede decir que ¡muchos
tuvieron una buena vejez! Hay evidencia de que las tasas de enfermedades
crónicas eran mucho menores, lo que indica que la esperanza de vida saludable
era mayor.18,19
Claro que las
grandes compañías y los factores políticos han influido en las recomendaciones
alimentarias durante los últimos 100 años. Por ejemplo, todos los ataques que
han recibido los alimentos de origen animal, que se han consumido generación
tras generación, tienen sus raíces en las ganancias. Como sociedad, tomamos las
fuentes de proteína animal más biodisponibles y con mayor contenido de
nutrientes y las etiquetamos como "poco saludables".
Claro que esto
tiene mucho que ver con el hecho de que la industria alimentaria no se
beneficia tanto de la agricultura a pequeña escala, como si lo hace de la venta
de productos sintéticos, a base de subproductos de maíz y soya y de otros
ingredientes procesados.
Conclusiones
Después de
analizar la alimentación de nuestros antepasados, si volvemos a la pregunta de
"qué deberíamos comer", la respuesta es clara: carne, mantequilla y
lácteos, postres caseros, azúcar natural y frutas, así como vegetales y
almidones cocidos (como papas, arroz y pan sin ingredientes añadidos y una
fuente de alta calidad).
Nuestros
antepasados no comían alimentos con alto contenido de ácidos grasos
poliinsaturados, y el incremento en el consumo de estos compuestos alimentarios
es la causa de los problemas en la salud metabólica que sufren tantas personas
hoy en día. Por supuesto que es muy importante que considere cosas como la
fuente de los alimentos, su procedencia, qué productos químicos contiene, con
qué y cómo se criaron los animales de donde proviene los productos. Y esta era
una de las grandes ventajas de nuestros antepasados: tenían acceso a alimentos
de mayor calidad y con menor contenido de ácidos grasos poliinsaturados.
Sin embargo,
nuestros bisabuelos no se obsesionaban con lo que debían o no comer, como lo
hacen ahora algunas personas que llevan dietas de moda (carnívoros, veganos,
etc.), y es muy liberador saber que comían una gran variedad de alimentos (¡y
sí, también comían azúcar!).
Ellos trataron
de transmitir su forma de alimentarse de una generación a otra, y esta sabiduría
nutricional innata se retrata y se conserva en estos libros de cocina antiguos.
Veían la comida como una fuente de alimento y amor, y no como una amenaza.
Una vez que
entienda que todo se reduce a la producción de energía de su cuerpo, será más
fácil recuperar su salud. Conocer su fisiología y metabolismo le dará el poder
que necesita para vivir sano y sin miedo.
Cuando
comprenda que la salud metabólica y el estado metabólico influyen en la función
de varios "sistemas", podrá comprender mejor por qué algunos
alimentos o actividades pueden reforzar el metabolismo (estimular la producción
de energía) y por qué otros pueden obstaculizar la producción de energía. Esto
también le ayudará a evitar etiquetar algo como bueno o malo solo porque un
influencer lo dijo.
Por ejemplo,
una comida debería INCREMENTAR nuestra temperatura corporal, ya que eso
significa que nuestro cuerpo está utilizando esa comida como combustible. No
reforzará su salud si les tiene miedo a los alimentos.
Cuando está
bien informado, puede cambiar la mentalidad que se basa en el miedo y entender
que los enfoques restrictivos solo producen beneficios a corto plazo (y está
bien utilizarlos de forma temporal) y que casi siempre tienen efectos
secundarios a largo plazo (pérdida de alguna función). Mejor, tome decisiones
más informadas sobre lo que beneficia o no a su salud.
La comida está
para nutrir y disfrutarse. Una dieta saludable no tiene que ser restrictiva, si
lo es, no es sostenible. Si suele caer en los atracones, significa que su enfoque
actual no está funcionando y su cuerpo necesita nutrientes y energía.
16 ABRIL 2024
📝HISTORIA EN BREVE
- Estados Unidos enfrenta una terrible crisis de salud pública, ya que desde 1930 las tasas de enfermedades crónicas experimentaron un incremento del 700 %. Como si esto no fuera suficiente, a esto le sumamos que el 10 % de las personas que viven en este país no tienen una buena salud metabólica y que las tasas de obesidad incrementaron en un 43.4 % desde el año 2018
- La dependencia a los alimentos procesados y la influencia de la industria alimentaria han dejado a los alimentos reales y tradicionales en el olvido; como resultado de esto, ahora existe mucha confusión con respecto al mejor tipo de alimentación, así como un incremento marcado en las tasas de enfermedades que se relacionan con la alimentación
- Tras analizar algunos libros de cocina tradicionales, se encontró una diferencia muy marcada entre la alimentación de nuestros antepasados, la cual se basaba en consumir animales enteros, muchos productos de origen animal y carbohidratos naturales
- En el pasado, las personas comían carne, grasas saturadas y carbohidratos, lo que pone en duda todos los conceptos modernos sobre la alimentación, y demuestra una vez más el impacto negativo de los aceites vegetales y de los alimentos procesados en el metabolismo
- Llevar una alimentación a base de carne, mantequilla, lácteos, azúcares naturales, frutas, almidones y vegetales bien preparados, como la de nuestros antepasados, no solo lo ayudará a recuperar su salud, sino también a no perder esta sabiduría nutricional y pasarla a las próximas generaciones
🩺Por Ashley Armstrong, autora invitada
Fuentes y Referencias
- 5, 6 WHO Life Expectancy
- 9, 11, 15, 16 Frontiers in Nutrition January 13, 2022
- 17, 18, 19 JRSM 2008 Sep 1; 101(9): 454–462

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